EL CURANDERO.

 


1.-
A Puntagorda ha llegado
hace poco un curandero
del archipiélago entero
con frecuencia es visitado.
Espiritista dotado
por Dios de una gran virtud,
si un incrédulo eres tú
jamás contraríes mi idea
podemos ir donde sea
si buscamos la salud.
2.-
Por obra y gracia divina
y sin importar la edad
de cualquier enfermedad
te cura sin medicina.
Anda en misión peregrina
que le ordena el redentor,
si vas a él con fervor
se aliviará tu dolencia
porque ha sido la creencia
la medicina mejor.
3.-
Aquí en este pueblo habían
enfermos varios señores
que ni los mismos doctores
sabían lo que tenían.
Cual sintomatología
de ninguna enfermedad,
un día por casualidad
llegó aquí este curandero
y con remedios caseros
curados se encuentran ya.
4.-
Cientos de desahuciados
habían por el doctor
y están con este señor
radicalmente curados.
Con simplemente un rezado
y sin cobrarles ni un duro,
por lo mas sagrado juro
que si la cosa es así
habrá muchos por aquí
que se borran del seguro.
5.-
Su consultorio ha instalado
en casa del señor Oreste
cuántos serán como este
que desean ser curados.
Soltero y acomplejado
buscando esa sociedad,
le dijo, ya por su edad
su cura será oportuna
porque puede llegar una
con la misma enfermedad.
6.-
Ha pedido la doctora
el traslado con urgencia
estos milagros la ciencia
sabemos que los ignora.
Largas se le hacen las horas
sumida en esa tristeza,
en su solitaria mesa
en la consulta ella sola
y en casa Oreste la cola
llegando atrás de la Iglesia.
7.-
Cuántos señores había
ateos de nacimiento
y hoy se sienten contentos
con dejar esa herejía.
Con fe van allí aquel día
a la hora acostumbrada,
y la doctora cansada
de esperar, se va a su casa
y hasta la misma farmacia
ya permanece cerrada.
8.-
Los doctores y enfermeros
no tendrán de que vivir
nadie quiere recurrir
ni a los auxilios primeros.
Con esto del curandero
ya nadie va a el hospital,
las clínicas por igual
todo el mundo se curó
de ser así se jodió
la seguridad social.
9.-
Es esa creencia ajena
a esa mi libre expresión
sólo es una sugestión
para un alivio a tu pena.
Es eso una obra buena
en bien de la humanidad,
ya que consuelo te da
hasta ir a la sepultura
porque es esa la que nos cura
de cualquier enfermedad.
10.-
Yo con mi incredulidad
a nada de eso detesto
ya que puede ser todo esto
milagros del más allá.
Curamos la enfermedad
por las ansias de vivir,
sólo me queda decir
aunque no crea en estos Santos
que quizás un día de tantos
también yo tenga que ir.
Fin.
18-4-1988.


Adrián Candelario Martín.
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