EL ALMENDRO 2002.

 


1.-
Almendro yo te levanto
hago crecer tu arboleda
sin que con mi pincel pueda
dibujar todo tu encanto.
Con mi décima te planto
en mi campo cultural,
con mi programa mental
yo siempre elogio tus flores
y así, rendirte honores
el día de tu festival.
2.-
Lo circunda si hay calor
la abeja, y en su regreso
le ha quitado con un beso
la miel que aloja en su flor.
Pero hoy con más esplendor
nos inunda de alegría,
conmemorando su día
quiero elevarme a su rama
colocando en el programa
la flor de mi poesía.
3.-
La pradera abre la puerta
al viento cuando desliza
el celaje de la brisa
en la montaña desierta.
Donde la recia tormenta
sobre el campo se avecina,
cae el rayo en la colina
rajando todo el espacio
iluminando el palacio
de las flores campesinas.
4.-
Cuando en el campo amanece
la helada por el invierno
dejando aterido el tierno
capullo, cuando florece.
Ya cuando el sol aparece
cada montaña es un cielo,
y ya después en el suelo
y por el viento esparcidas
dejan sus flores caídas
el más perfumado velo.
5.-
Respira el campo rural
cuando por la cordillera
baja la brisa campera
con aire primaveral.
Desempañando el cristal
de rocío que lo cubre,
y hasta la helada en la cumbre
de los viñedos se aleja
cuando ya besar se deja
del sol cuando ya descubre.
6.-
Cuando diciembre y enero
el campo de aguas se inunda
es la sangre que fecunda
la raíz del almendrero.
Es Puntagorda en febrero
de la tormenta, la calma,
que como alivio del alma
aquí se busca consuelo,
es una estrella que el cielo
le ha regalado a La Palma.
7.-
Despeinado por la brisa
se presenta el almendrero
pero queda prisionero
del encanto que lo hechiza.
Su flor la fiesta ameniza
franqueándonos los caminos,
con su cortina de pinos
es el parque del Fayal
imagen de la postal
del paisaje campesino.
8.-
El pueblo y sus moradores
con ropa de gala viste
hoy toda La Palma asiste
al festival de las flores.
Mostrando así los valores
de toda su geografía,
quien vino, vuelve otro día
sin ocultar su sonrisa
porque la flor simboliza
paz, amor y alegría.
Fin.
Febrero  del 2002.

Adrián Candelario Martín.
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